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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Plomo gris

Una lágrima de plomo gris brota de la comisura de sus parpados, su lóbulo es una planicie embarazada con un pupila negruzca en su centro, y al borde de su ojos sus mejillas se alzan en tambaleantes tambores bordos. La gota surca librando un rastro de espuma que sofoca los poros de la piel y los apresa en el silencio de la capa solida grisácea que los tapa hasta la asfixia, y la piel se vuelve morada, verdosa, sus labios sonrientes se figuran en un carbonado tieso, no existe más verdad en su mueca estática que la del momento anterior a su llanto, y ahora, el suceso y el desenlace, envenenan en lágrimas lo que queda de su sometido rostro.