PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Las ocho formas de reventarte el rostro
Tu rostro es devorado por sí mismo, por la boca indeleble que permanece dibujada en la pared de tu infancia con un crayón de color rojo que alguna vez te perteneció, no a vos, sino a tu madre antes de que muriera bifurcada por el cáncer; pero nada tiene en común el crayón, el cáncer y tu rostro, excepto vos y tu madre, vos y el pañuelo rojo que te regaló tu abuela explicándote que había sido el que uso su hija cuando empezó el colegio y que ahore te lo quería regalar a vos, con tu mueca de figurita perdida en algún cajón oscuro, con tus ojos taladrados por el miedo de la inocencia que se sabe sin picardía, por la eterna referencia hacía el vacío que promulgaba tu boca cuando insistía en pronunciar la nada.