PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Con nuestras narices coloradas, el amor
Es que hace tiempo dejé de respetar el mundo y empecé a pensar en los pequeños payasos que corren por dentro de mis oídos, que juegan al pin pon sobre mi espalda mientras duermo y le hacen el amor a todas mis ex novias cuando no sucede nada en mi cabeza. Son como pitufos, que se derriten cuando sale el sol pero vuelven cuando cacarea el principio eterno de la noche que siempre se acuesta sobre mi almohada, conmigo, y tiende su amor en mis labios deformando la utilidad de los pensamientos. Noches de payasos y deseos y mujeres, y vinos que no bebí, es lo que habita en algún lugar del rincón del departamento, trastocado por la presencia de las mujeres que me besan, que me abrazan, y se visten de payaso cuando llega la hora en que hacemos, con nuestras narices coloradas, el amor.