← Volver a Prosas82 de 105

PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Las musas aplastadas

Don’t kill me, que el toro hambruna, que las musas desfasadas del deseo lloran aplastadas por las ruedas del camión en la utopista focalizada debajo de la luz lunar, fractal, inmersa que se desdobla en el cuerpo de las musas que mueren de hambre y recita, aplastadas: Don’t kill me, pero a su alrededor los autos continuan su rumbo y la luna apenas tiene la fuerza para sostener la iluminación de los cuerpo estirpados de la posibilidad de arrastrarse, de moverse, de fusilar algo de lo que son en el intento de sobrevivir. Todas las musas están por morir y a nadie le importa. En los peajes los hombres con sus cinturos ajustados sacan los boletos y continuan en las cuatro direcciones que ingenuamente creemos que nos anteceden, pero nosotros la creamos ¿O acaso el Norte, el Sur, el Este y el Oeste existen antes que los nombremos? Pero a este secreto solo lo conocen las musas y todas ellas están aplastadas debajo de la rueda de un camión.