PROSAS · 4 MIN DE LECTURA
C’est la vie
Absuelto del momento, la observo. Su caballera se mecía en el viento y golpeteaba su rostro. Se perfilaba frente al cielo, una nariz recién nacida, en una mujer ya grande, perfectamente formada en un rostro con una mirada ausente. Seria como quien acostumbrado a matar descuella, miraba nublado cielo, la lluvia se acercaba. En la terraza de aquel edificio gris y decaído continuaba observándola. Habíamos hablado, del placer del silencio y la quietes de la charla, habíamos entendido nuestras curvas sobre un colchón perdido en un cuarto de estudiante a cuadros baratos y alfombras sucias. Tras un beso se había marchado a la terraza. Yo preparaba, y cebaba el primer mate observando, el aura negra, obscura, ambigua pero totalmente acorde a la tormenta que se aproximaba. Su actitud agría pero tierna, me recordaba al placer del dolor, al masoquismo de estar a su lado. Se dio vuelta y me observo, yo con mi torso desnudo, la bombilla contrastando el blanco de la pared rota, revocada o no revocada, despintada o no pintada, faltante de frases grabadas en ella, la portera nunca nos lo había permitido. El termo vertía el agua que se deslizaba con el placer con el que un sordo ve una película muda. Ana se encontraba escondida tras su campera de cuero por el frío, pero hablando sentada en la corniza. - Ese es para mi? - - No hay vos, yo solo veo una campera - - Es donde me oculto cuando el frío quiere golpearme, dame un mate así me caliento un poquito - - No puedo, estas oculta, reaparece - Anita se saco la campera y recibió el mate con una sonrisa. - Sos tonto. - - Tuve un sueño, con vos - - Contame - - No - - Bueno - - Tocaba tu puerta, y no eras vos, era un rollo de maldades, era tu doppelganger - - Doppelganger? wtf? - - Tu doble, tu doble malo dirían en la ciencia ficción, fue creado ahí mismo, en un libro, viejo. No importa, Pero no eras vos, era el, era ella, o no se como llamarlo, era tu doppelganger asesinándome con palabras por no resistirme al secundario, a la enseñanza insensata y cuadrada, la que queda en el olvido con solo escucharla - - Esa anita, la que te enseñan sin interés, y aprendes sin necesidad, la de analizar estructuradamente, como con las oraciones, sujeto, predicado, y mierdas obsoletas que generan odio. “Caíste, hiciste lo que dijiste que nunca harías, lo que te enseñaron en el secundario” Me decías, explicame eso anita. - - No se, es tu sueño, si tengo un dopell… como era? – Anita - Doppelganger - - Si tengo un doppelganger, no creo que te visite en tus sueños, tendría que ser yo, el mio, lo que soy y no lo malo. ¿Porque no soñas con nosotros haciendo el amor?. Sería más.. - - Porque lo hacemos, los sueños son deseos perdidos, tal vez quiero conocer tu lado malo, pensadolo mejor. - - Haceme algo malo entonces – Anita - No podría, no ahora - - Si decís.. – Anita - Igual, yo creo que todos tenemos un doppelganger, pero no necesariamente malo, una bueno, que comprende, nuestra otra mitad psicológica, la que falta, con la que conversamos cuando pensamos intentando entendernos a nosotros mismos. Si tengo un doppelganger me gustaría que conosca el tuyo, esten donde este - - A mi también, pero que tan lejos podrán estar?. Digo, de encontrarse - - No se, pero no creo que tengan nuestra forma, serían dos raros, caminando en la obscuridad, preguntándose porque están tomados de la mano, si realmente son o no son, o que son, o porque son, o si uno se subiría a un subí baja por el otro, o se hamacaría por más vértigo que le de. Yo me mareo en las hamacas – El. - Yo no se, hace tanto que no me hamaco, tal vez, el placer del ir, del venir, me recuerda a mi infancia - - Tu infancia, mi infancia, la hamaca, tendría que seguir cumpliendo su función tengamos la edad que sea, ahí esta el error, quiero amar la hamaca, comprenderla, así hablaría con mi niño, el que lo hizo antes, y rió al caer, al ir y venir en un vai-ven de la mente en blanco que solo vive. En esta vida, dejamos tantas cosas a medida que pasan los años, dejo risas, dejo bondades, e intento descubrir cosas nuevas en la rutina, como un par de medias, que se rehúsa a caer en lo sistemático. Cada vez que me levanto, tomo una media de diferente color huyendo de la rutina paradójica que nos rodea social mente y en personalmente. Todo el tiempo, mantengo esta teoría de que la rutina también se halla en las pequeñas cosas, en el plato en que comes y en la tasa en que tomas agua, porque no invertir. Porque un plato es un plato, porque aceptarlo, porque aceptamos y vivimos. Eso no es lo que la gente quiere, es lo que les enseñan. Necesitamos revelarnos a la presencia de lo perfecto y buscar lo ambiguo, como las medias que cambian de color, buscar el placer de la infancia y la esperanza que se detona rápidamente con los años de colores. - C’est la vie, todo se pierde mi amor. -