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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Días de paja

Hay días de pajas, pero hay días de paja extremos. Los segundos, son esos días en que amaneces seguramente después del mediodía y desearías haber directamente no amanecido. Porque el día implica no hacer nada, y hacer nada es lo que te sale bien, y vos por cuestiones de paja extrema no queres que nada te salga bien, directamente no queres nada. Después de una larga discusión con tu compañero de viajes oníricos decidís levantarte y encarar el mundo. Pero no de la forma que lo haría un atleta que rompe los cien metros llanos en las olimpiadas africanas del año 2149, para nada, vos ni siquiera te preparas un café. Caminas a la mesada y elegís un té, lo preparas bien dulce y no pasa nada, te cuestionas si esta bien que no pase nada, y como de costumbre en estos días que convivis con una fiaca atroz no llegas a ninguna conclusión. Después de una hora que te diste cuenta que seguías sentado en la misma silla mirando la misma pared blanca, intentando revivir las mismas moscas que ya mataste, resolves tener un poco de convicción y hacer algo por vos. Analizas la situación y repentinamente surge una estupenda idea, con total determinación te paras de la mesa -dejas la taza sucia, el azúcar, el pedazo de pan medio masticado que intentas digerir pero no tuviste las fuerzas suficientes- y haces cuatro pasos a la derecha, atravesas una puerta, y das tres pasos a la izquierda. Entonces con una paja a esta altura intergalactica, te dejas caer de un topetazo sobre la cama y nuevamente regocijándote sobre tu mansa sonrisa, dormís.