PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
La belleza inútil
Estás equivocado si crees que puedo parar. Después de esto no queda nada. Después de no quedar nada solo existe un pañuelo devorado por un poeta con hambre de nostalgia. Después del poeta con hambre de nostalgia y el pañuelo devorado no existe más que las obras que no compuso Sheakpeare con sus manos delicadas pero fulmines. Sólo existe el principio de un mundo vaciado de belleza altiva en somnolencias del arte moribundo. Si pudiera alcanzar el mundo de los cuadros, de las músicas, de los poemas, de las novelas moribundas, de todos los moribundos, de todo lo cadavérico, lo revuelto de entrañas de podredumbre, podría alcanzar un tímpano real e inquebrantable, una secuencia maestra, lo irrefutable porque está muerto. Si algún día de abril otoñal alcanzo la máxima orbe de ese reacio aljibe innombrable recuperare lo que perdí en los cuadernos de mi infancia monótona y acabada por un escultor de cartón viejo, y encontrare, detrás de todo, el primer escultor que creo el síndrome de la belleza inútil.