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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

El rito de los hombres es palpitar el placer sordo

En el eco maritimo de su pupila, encontre un barco, subí a su proa y partí. Al llegar a la distancia, al horizonte involucrado en el sabor bordo de lo lejano, recorde un pasaje anterior a mi existencia: El rito de los hombres es palpiltar el placer sordo. Baje del barco y durante días camine en busca de un bote, una canoa, o una balsa, pero no encontré más que mi pupila en el reflejo de un oasis. Bordie mi mirada con el augurio de mis ojos y me perdí en su interior en el intento de partir una vez más, pero pronto me di cuenta que me hacía falta un entidad externa que sea mi marea. El pasaje volvió a sonar en mi interior: El rito de los hombres es palpitar el placer sordo. Cuestione a mi memoria su repitición idiota y sin sentido, porque en dos situaciones que considere totalmente diferente me recordó las mismas palabras. Finalmente encontré otro barco en un ojo verde, y luego otro, y varios años después, en otro puerto, en otro barco, mire en retrospectiva desde el muelle de las pupilas de un infante jugueton, y comprendí, que el rito de los hombres es palpitar el placer sordo.