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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Café de tibia carne

Pedazo de café bar fútil, abandonado, parapléjico en su esplendor mutilado por las grisuras de una guerra que titila en cada calle, en cada esquina, en cada casa en la que hurga el derrotero de una bomba que explota y retuerce la sangre sobre las paredes; pedazo de café bar fútil, estructura herida, quejido maldito de los restos, de lo que queda: Entro en vos y veo polvo seducido por la muerte, sillas arrastradas por el fuego de la incineración volátil de sus cuerpos de materia quebrada, rodeadas por una nubosidad de polvillo blanco, etéreo, que flota sobre escombros manchados por las vísceras, por los resto de carne destrozas por los hierros y los ladrillos que apilados en un gran vientre de arcilla tibia, calientan los pálpitos de los cuerpos que aún laten en sus interior.