PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
El hombre
¿Quién soy? ¿Valdré algo en este pequeño mundo? Se preguntó el hombre de barba canosa. Avanzo dos pasos e hizo uno a la izquierda y volvió a repetir la pregunta ¿Quién soy? ¿Valdré algo en este pequeño mundo? Pero la respuesta no cambió. Se detuvo a pensar mirando la copia del cuadro de Dalí que yacía frente a él colgada de la pared blancuzca ¿Acaso el lugar físico no cambia la respuesta de una pregunta, o mi avance en el espacio físico no fue significativo? El hombre camino seis pasos hasta la puerta, la abrió, pasó al otro lado avanzado dos pasos y la cerro detrás de él. Parado en el pasillo volvió a preguntarse ¿Quién soy? ¿Valdré algo en este pequeño mundo? Pero la respuesta no cambió. El hombre subió ocho escalones y luego ocho escalones más hasta la terraza del edificio, se subió al bordillo y parado en la pared al borde del vació se preguntó ¿Quién soy? ¿Valdré algo en este pequeño mundo? Pero la respuesta no cambió. El hombre dio un paso hacia adelante y luego saltó al vacío, cuando iba cayendo se preguntó ¿Quién soy? ¿Valdré algo en… pero al golpear contra el piso no logró terminar de pensar la pregunta, por lo que nunca llego a formular la respuesta.