PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Los últimos días a bordo de un perro
Tengo treinta años, pero cuando sea grande, voy a tener un perro, uno tan inmenso que abarcara la torre Eiffel solo con su hocico y con su lengua de vorágine y baba voluptuosa inundara los canales secos de Venecia ¿Cómo será su nombre podrás preguntarme? Eso no importa porque entre sus cabellos acamparan montones de humanos, como pulgas, sobreviviendo a los últimos desastres naturales de la tierra cansada de la fatalidad; pero no lo lastimaran a mi perro, vivirán con él, para él, y con el tiempo sus pelos de colores negros se volverán canas blancuzcas y los días serán como una gran fuga de niebla blanca para las corneas de los últimos sobrevivientes, a los que con mi perro bestial, lideraremos a través del vacío humano.