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Fundalí
Pablo Maxit
Municipio de Fundalí. Decreto N° 22.345: De disfraces y turismo. 15 de marzo de 2057
La municipalidad de Fundalí declara, en el contexto y por causa de, la crisis mundial de 2056, que todo ciudadano nacido o con más de ciento setenta días de estadía en el municipio de Fundalí deberá acatar el decreto 22.345 “De disfraces y turismo”, que declara lo siguiente:
A) Todo ciudadano perteneciente a la ciudad de Fundalí, deberá usar, permanentemente, el disfraz asignado por la C.D.T, Comisión de Disfraces y Turismo, de la ciudad de Fundalí.
B) Todo turista con una estadía mayor a ciento setenta días en la ciudad de Fundalí, deberá usar, permanentemente, siempre que se encuentre dentro de los límites de la ciudad, el disfraz asignado por la C.D.T, Comisión de Disfraces y Turismo, de la ciudad de Fundalí.
C) Toda persona, ciudadano o turista, con un disfraz asignado por la C.D.T, Comisión de Disfraces y Turismo, de la ciudad de Fundalí, deberá mantener el rol del disfraz asignado, respetando las características asignadas al personaje o disfraz.
D) Toda persona, ciudadano o turista, con un disfraz asignado por la C.D.T, Comisión de Disfraces y Turismo, de la ciudad de Fundalí será remunerado por el labor de mantener el personaje con su respectivo disfraz.
E) Toda persona, ciudadano o turista, con un disfraz asignado por la C.D.T, Comisión de Disfraces y Turismo, dela ciudad de Fundalí será multado con una suma irrisoria sino usa su disfraz o mantiene los rasgos de su personaje o cumple con su actuación debida; para controlar esto el municipio de Fundalí declara la creación de la A.C.D, Agencia de Control de Disfraces (ver decreto 25,674).
F) El tema tratado en toda la ciudad de Fundalí será “La decadencia”, en pos de mostrar a los turistas la situación real que se vive en el municipio pero con un toque de humor; en palabras el intendente de la ciudad de Fundali, Mauricio Devolati, “en el vano intento de ser una sátira de la sátira que ya somos”.
G) Todas las medidas estipuladas con anterioridad buscan la atracción del turismo a la ciudad de Fundalí, y al mismo tiempo, la creación de puestos de trabajo en el ambiente actoral. Para esto el municipio impartirá seminarios de actuación para todos los ciudadanos, enmarcados en el plan “Fundalí: El pueblo actúa”, durante los tres primeros meses después de la implementación del decreto N° 22.345.
H) Todas las medidas estipuladas con anterioridad entran dentro del plan de medidas extremas, en pos de recuperación de la crisis que dio inicio en el 7 de abril de 2056, a saber, crisis que género treinta millones de pobres y permitió la supervivencia digna de sólo un ocho por ciento de la población.
Fundalí, año 2058:
A un año después del decreto Nº22.345
La ciudad se abrió a sí misma, como en cada amanecer, entre los colores fogosos de los disfraces y las miradas astutas de los turistas que vagaban por las calles de Fundalí observando todo.
En una esquina de la calle central el payaso Jake, adicto a la cocaína, hacía tristes malabares frunciendo el ceño cada vez que se le caía una de las clavas; mientras su compañero de circo, el payaso poético llamado Romundo, fumaba cigarrillos en la esquina y lo miraba sufrir. Un turista calvo paso a su lado, en un Ford Focus rojo, rio de la demacrada situación de los payasos y de paso descargó su bronca sobre ellos.
- Si vivimos hambrientos es por culpa de los vagabundos como ustedes, payasos hijos de puta –grito el viejo calvo.
Jake atinó a tirarle con una clava, pero enseguida recordó la regla n°1 de los actores: “Nunca desquitarse con el cliente”, y que en consecuencia, cualquiera de los ciudadanos que cometiera una infracción podía ser multado. Por lo que solamente se contentó con imaginar la clava atravesada en el vidrio trasero del auto. Jake continuó por un rato hasta que Romundo le tocó el hombro para avisarle que era hora de hacer su actuación en el bar de Torqui, el viejo cantinero que interpretaba a un cantinero con problemas de ira y hemorroides.
Romundo le dio una patada a la puerta de madera de la cantina y entró haciendo muecas y chupándose el dedo pulgar; Jake se tiraba de los pelos con la mano derecha mientras se daba cachetadas con la izquierda. <Viejo, ya sabes lo que quiero, entrégame todo> vociferó Romundo escupiendo el piso, y todos los turistas, con pupilas del tamaño de un gong tibetano, observaron la escena espesa que se escurría frente a ellos.
- No te voy a dar nada loquito, volá de acá payaso drogadicto –gritó el cantinero Torqui.
- Que yo ya hice lo que me pediste, larga el polvito –replicó Romundo.
- Vos no hiciste nada, ayer hable con Mircha y me dijo que todavía no le fuiste a hacer la sesión de acupuntura –dijo Torqui furioso- y encima me queres engañar.
- ¡Fa fa fa! –Gritó Romundo echándose hacia atrás- no he tenido tiempo ¿Vos te pensas que la cosa esta fácil en los semáforos? Trabajo de sol a sol todos los días.
- ¡De sol a sol! –gritó Torqui entre risas- pero escucharlo, este la última vez que vio una pala fue en el funeral de su madre, y fíjense si será hace mucho, que la mató él cuando nació.
- ¡Uuuuh! –gritó un grupo de turistas que se mantenían expectantes mientras bebían cerveza en el bar.
- ¿Te pensas que viví durante dos años en el Tíbet para terminar haciendo acupuntura a los muertos de tu familia? Volá de acá Torqui, dame lo que es mío.
- Te lo doy si quiero –desafía el cantinero.
- ¿Sabes qué pasa con los blanditos Romundo? –Dijo Jake- Qué los dejas envalentonarse y se endurecen, pero déjame a mí, que en un segundo te lo ablando.
Jake sacó una navaja falsa de las que se usan en el cine, de goma, con la inscripción made in china en el puñal, y la agitó en el aire mientras insultaba al cantinero; <No ves lo que pasa> gritó Torqui respondiéndole <La crisis nos puso a todos locos, y vos sos otra víctima de la crisis, el pueblo tiene que volver a unirse>. Pero Jake, sobándose la nariz con la mano, esnifado hasta la medula, simplemente gritó <Cállate viejo comunista, te voy a matar a vos y a toda la KGB> y se lanzó con el cuchillo sobre Torqui, que con habilidad actoral, lo apartó con un movimiento que lo hizo caer sobre Cintia, que trágicamente, murió, con el cuchillo clavado en el vientre, mientras el público, impresionado ante la explosión de sangre del sobre de salsa de tomate que ella tenía óculo bajo su vestido, dio un hurra de alegría. Jake se volvió hacia a todos los turistas y los miró.
- Que se callan o que les hago lo mismo a todos ustedes –gritó el payaso adicto a la cocaína.
- ¿Hacernos qué? –respondió un joven morocho.
- Que los bajo a todos.
- Que los bajamos a todos –lo apoyó Romundo.
- ¿Que les bajan qué, los pantalones? Payasitos afeminados –dijo Torqui desde atrás de la barra entre risas, y se rascó las hemorroides del culo mientras todos los jóvenes reían.
- ¡Los dientes te voy a bajar! –gritó Jake y se lanzó sobre Torqui a darle piña con las manos desnudas.
- ¡Sácamelo! –balbuceó Torqui cuando Romundo lo agarraba a Jake por los hombros y lo sacaba de un tirón hacia atrás.
- Tranquilízate Jota –murmuró Romundo, mientras Torqui se levantaba sangrando.
- Sácalo de acá, este puto se engancho de nuevo con el polvillo y de en serio –tartamudeo Torqui mientras se sostenía la nariz hinchada.
- ¿Eh, compa, que pasó? –preguntó el joven morocha a Romundo, pero el payaso no le contestó, y salió por la puerta empujando a Jake.
En la plaza un hombre vestido de Robin Hood pasó corriendo a toda velocidad cargando una bolsa en la espalda, detrás lo seguían a la carrera una policía y una chica vestida de Marilyn Monroe que intentaba corre con tacos altos, pero que sólo lograba trotar como un sapo rengo. Mascuro vio ocurrir la situación con entusiasmo y apreció los absurdos que presentaba la ciudad de Fundalí y se sintió contentó de haber dejado atrás Japón por un buen tiempo. Porque la crisis del 2056 había convertido su país en la industria de la explotación, la gente trabajaba dieciséis horas al día para poder comer, y él, que quería huir de esa vida, había evacuado hacia Fundalí en busca de un presente diferente. <Solo falta un día para mi disfraz> pensó Mascuro mirando como Marilyn Monroe y la policía corrían detrás de Roobin Hood, y sin pensarlo mucho más, se largó a correr detrás de ellos.
- Watashi –gritó Mascuro corriendo detrás de ellos –¡Watashi wa anata to issho ni ikitaidesu!
- Para o desenvaino la pistola –gritó la policía, al oír el gritó del turista asiático, dando a entender a los otros que era hora de dar comienzo a la escena.
- No tientes al destino, pues no te conviene que desenvaine la mía –respondió Robin Hood deteniéndose y apoyando su mano derecha en el arco corto que colgaba en su espalda.
- Robin no lo hagas mi amor –rogó Marilyn- no sigas batallando, es hora de acabar con esto, es hora que te entregues para que después podamos estar juntos.
- Jola, jola, ola –murmuró el asiático haciendo reverencia a los tres mientras sonreía.
- ¿Y tú quién eres? –inquirió Robin Hood dirigiéndose al asiático.
- Jola, jola –repitió Mascuro haciendo reverencias.
- Otro que no habla nuestro idioma –susurró la policía.
- ¿Ustedes se prendieron las líneas en inglés? –preguntó Marilyn.
- ¿En qué momento me las voy a aprender? De pedo estoy aprendiendo a expresarme como hacia Robin Hood en el siglo quince –dijo Robin por lo bajo.
- Bueno pero no detengamos la actuación, los de la agencia de control pueden estar mirando por las cámaras de la ciudad –balbuceo la policía.
- Bueno hago una improvisación en inglés –decidió Marilyn- ustedes síganme la corriente en español.
- Jola jola mú chá chós –dijo Mascuro insistiendo en comunicarse.
- ¡No Robin no, don’t try to win the police, surrender your self! –gritó Marilyn fingiendo un llanto que se parecía más a un ataque de epilepsia.
- Algo ocurre, diferentes idiomas se manifiestan a mi alrededor y no comprendo lo que dicen ¿Acaso las lenguas de fuego del espíritu santo han bajado una vez más sobre nosotros para confundirnos? –improvisó Robin, y al ver que la policía y Marilyn empezaron a reír simplemente se echó a correr una vez más, y las dos mujeres, lo siguieron de atrás.
- ¡Jooolaa Jolaa! –siguió vociferando Mascuro mientras entre carcajadas con sonidos japoneses, los seguía.
Jake le dio una patada a la puerta de la farmacia y entró, durante un instante segundo alcanzó a pensar que lo de patear puertas se le había vuelto una manía, pero enseguida continuó con su actuación.
- Vengo en busca de lo que es mío –vociferó Jake, y azotó una clava contra el suelo.
- Afloja te di hace dos días –replicó el farmacéutico, mientras le entregaba una tableta de calmantes para el dolor de cabeza una turista que estaba comprando.
- No aflojo nada.
- Aflojas o te aflojo –dijo el farmacéutico mientras rápidamente el público se amontonaba en la farmacia.
- ¿Me vas a aflojar las tuercas? Mira que a esas ya las perdí todas –vociferó Jake dando una risa histérica.
- ¿Vos te pensas que podes entrar así nomás y empezar a los gritos que queres droga? ¿Qué pasa si entra alguien más además de ustedes dos? –dijo el farmacéutico enojado.
- Lo que le pase depende de nuestro humor –respondió Romundo con astucia.
- Es verdad quien sabe dónde puede acabar esto cuando no tenemos lo que queremos –amenazó Jake- dame la coquita Diego.
- No hay coquita para vos por mal comportamiento –dijo respondió Diego guiñando un ojo, y Jake sonrió.
Jake sacó el mismo cuchillo falso que había usado en la cantina y dando un salto sobre el mostrador se tiró sobre el farmacéutico. Los dos cayeron al piso, y Diego, tirado detrás del mueble, sin ser visible para el público, hizo explotar una bola de sangre falsa en su mano y el líquido bordo se escurrió por debajo del mostrador. Los turistas vieron la sangre e impresionados explotaron en aplausos; mientras, detrás del mostrador, en ese corto momento, el farmacéutico le pasó una bolsita blanca a Jake, y él, la guardó en su bolsillo y se levantó triunfante. Dentro de la farmacia se escuchó la sirena de la policía que venía de algún lugar cercano, Jake y Romundo salieron corriendo, escapando, hicieron dos cuadras para no toparse con los turistas de la escena reciente y pararon a descansar.
- ¿Qué tenes en el bolsillo? –preguntó Romundo notando que una cosa sobresalía.
- No es nada, es bicarbonato, un efecto para el público.
- Si fuera eso no pasa nada, pero sabemos que no es.
- Si es.
- Dámelo entonces –ordenó Romundo.
- ¿Qué te de qué?
- ¿Cómo qué? El bicarbonato.
- Déjame de joder –dijo Jake enojado.
- Dámelo Jota.
- No.
- ¿Volviste a la coca de nuevo? ¿Qué fue eso en lo de Torqui?
- El viejo ese se lo merecía –gritó Jake y se paró y le tiró a Romundo una bolsa llena de bicarbonato en polvo.
El intendente Mundali entró al recinto de la Agencia de Disfraces y pidió hablar con el gerente Tuscalí que lo atendió detrás de su amplia mesa y con una taza de café con olor ranció.
- Te dije que no, les dije que no ¿Van a seguir insistiendo? –inquirió Mundali.
- Vamos a seguir insistiendo intendente.
- ¡No quiero prostíbulos en el pueblo! –gritó el intendente azotando el puño contra la mesa.
- Pero técnicamente solamente son bares nocturnos.
- Con felinas adentro.
- Y qué felinas –dijo el jefe largando una risa burda que hizo vibrar su panza.
- Por dios –suspiró el intendente Mundali.
- Podemos cambiar de disfraz si el de felinas no le gusta –replicó Tuscalí dirigiéndole un guiño de ojo.
- Ustedes van a corromper la ciudad, si fuera por ustedes disfrazarían a una mujer de Eva y la pondrían corriendo en pelotas de un árbol a otro, buscando el fruto prohibido.
- Si me permite tutearlo –dijo el jefe con tono serio- ¿Por qué le tiene tanto miedo al consejo intendente? Capaz es porque sabe que la ley tiene muchas posibilidades de pasar; así que si no quiere que la presentemos, haga lo que le dije.
- Nunca voy a meter en mi lista política a ese cerdo asiático y capitalista Mascuro ¿Te das cuenta lo qué me estás pidiendo? ¡Ni siquiera habla español!
- Pero que dice intendente –se quejó el jefe- más importante es que eso es que habla un idioma universal ¡El idioma del dinero, y lo habla a montones!
- Eso es plata sucia.
- ¿Y eso que importa? Él nos financia los bares y las felinas, tenemos todo lo que queremos, y dentro de poco conseguimos la aprobación.
- Pueden presentarlo todo lo que quieran hijos de puta, nos vamos a ver en el consejo –dijo Mundali y se levantó de la silla con brusquedad.
Marylin y Julia, la policía, caminaron por la calle Ituzaingo hasta llegar a la esquina de la calle Romero, en la esquina, golpearon dos veces una pequeña puerta y entraron a los vestidores de un boliche en el que daban la función nocturna.
- ¿A quién le cantaste el feliz cumple esta tarde Mar? –dijo Jake tirándole un beso mientras se preparaba para su función.
- Lastimosamente todavía no conozco ningún presidente, sino no estaría acá –replicó Marilyn.
- Te equivocas, me conoces a mí, Jota, presidente de la asociación de payasos cocainómanos a su servició –dijo Jake haciendo una reverencia.
- Pero para qué sirve el título tenes que valar tu peso en oro –dijo Julia guiñando un ojo a Marilyn.
- Él lo vale en mierda –acotó Romundo entreviendo un tono agresivo.
- Bueno bueno... –suspiró Marilyn mientras se ponía las medias bucaneras- ¿Saben qué? Me cruce con un japo que nunca había visto y que no es capaz de hablar un pito de español.
- Dijo pito –replicó Jake entre risas.
- Que decadencia –acotó Julia.
- El chino esta hace como un mes acá, dicen que anda metido en negocios del municipio –explicó Romundo.
- ¡No es chino! Es japonés te digo.
- Es lo mismo, los dos tienen los ojos como salchichas.
- Uy por dios –dijo Marilyn vencida por la risa.
- ¿Qué improvisación toca esta noche? –preguntó Jake.
- La número cuatro ¿Ya te olvidaste cuál hicimos ayer?
- Por supuesto –asintió Jake- ¡Como no olvidarme si mi vida es una vorágine de sátiras absurdas!
- Salgó para el escenario chiquitos –dijo Marilyn acomodándose el pelo- los veo allá.
Marilyn Monroe entró por el costado del escenario pedaleando en un patapata, y el contraste ridículo, entre la belleza y la infancia, comprimido en una sola imagen, sexualmente inesperada, hizo al público estallar en risotadas. Julia entró a escena y enganchó una piola con una pequeña argolla en el frente del patapata e hizo dar vueltas a Marylin por el escenario, mientras ella lucía un disfraz de policía tan apretado que estaba por hacerle estallar el culo. Los turistas chiflaron y los sonidos gotearon como babas de sus bocas, flotaron en la atmosfera oscura con olor a humedad y cigarrillo barato, mientras Marilyn y Julia empezaban a bailar. Pero en ese momento, en que empezaba la tensión sexual, Jake entró al escenario levantando la pierna y fingiendo que de una patada volteaba una puerta en su entrada triunfal. Romundo entró detrás cargando una caja de cartón del tamaño de un televisor, y Jake, con voz afónica, ante los abucheos del público que querían ver a las dos muchachas, recitó <¿Qué es lo que pensais? Hoy dirigirá el show este senpai. Concéntrensen aquí y ahora, porque marcara su noche lo que suceda en esta hora>. Las voces del público se apagaron, una sola luz quedó aprendida, alumbrando el escenario. Romundo poso la caja en el piso de madera y se corrió a un lado, junto a las dos chicas, para dar lugar al payaso Jake que empezaría el truco.
- Ahora para su deslumbre, y su atónito apogeo, voy a convertir a estás tres personas en una sola –vociferó Jake moviendo una clava en su mano como si fuera la vara de un mago- ¡Por favor asistentes entren a la caja!
Romundo se metió en la caja y se agachó lo más que pudo, Marilyn entró segunda manteniendo su aura de sensualidad y levantó los brazos mientras se agachaba saludando al público, pero cuando Julia intentó entrar el lugar se había agotado.
- No entro –dijo Julia mirando a el payaso Jake.
- ¡Sí que entran métanse ahí! –dijo el payaso levantando la voz.
Julia metió una pierna en el hueco que quedaba entre el cuerpo de Marilyn y de Romundo que estaban medios amorcillados desde que habían logrado meterse; la policía metió la otra pierna pero su rodilla quedó inevitablemente apoyada sobre la cabeza de Romundo que empezó a emitir quejidos como un coatí lastimado. El público largo una carcajada, y Julia jugando con su inocencia, apoyó su culo en la cara de Marilyn que empezó a balbucear palabras inentendibles, que gorgoteaban en su garganta. Jake gritó de repente <Ahora, para el siguiente truco de magia, mientras mis asistentes siguen intentando embotarse como un jamón, voy a hacer desaparecer está línea blanca de la mesa>, y agachándose sobre una línea de polvo blanco que había armado momentos antes, esnifo hasta el último gramó, y dedicó una pulcra sonrisa de satisfacción al público <!Admirad la mesa, la línea ha desaparecido!> gritó, y los espectadores, borrachos, estallaron en aplausos. De golpe en el lado de la caja que daba al público, un dedo hizo una rajadura, y del corte, como si fuera la vagina de un rinoceronte, salió Romundo arrastrándose hacia afuera mientras Julia se reía y daba agudos gritos de gracia. El payaso logró salir de la caja agitándose como una anguila fuera del agua, y al salir, se lanzó sobre Jake y tras tirarlo al piso al piso le arrebató la bolsita de polvo blanco.
- Termínala con esto drogadicto –dijo Romundo.
- ¡A mí me gusto el truco de la línea! –grito alguien del salón.
- ¿Quieren que haga desaparecer otra línea? –preguntó Romundo.
- ¡Sí! –gritó el público.
- Bueno hagan fila que les borró la línea del culo a patadas.
- Buu –abucheó un espectador.
- ¡Paz y amor paz y amor! –gritó Marilyn mientras salía de la caja con los brazos abiertos y una gran sonrisa en su rostro.
- Jooolaa Jooola –respondió un asiático de público, y una gran carcajada resonó en el público.
La noche se posó sobre la ciudad de Fundalí y la campana de la iglesia sonó doce veces marcando la medianoche. La mayoría de los ciudadanos se encaminaron hacia el Bar de Torqui, en el que abría el horario no laboral hasta las dos de la mañana. Jake, vestido con una camisa y unos pantalones rotos, camino hasta el bar en silencio y con paso lento, al llegar, entró y se sentó en la barra junto a Mundali que lo invitó una cerveza.
- ¿En qué anduviste actuando hoy viejito? –preguntó Jake, un poco molesto por el bullicio del bar.
- Empezamos una actuación en la cámara de concejales ¿Y vos Jota?
- Nada nuevo, alguna que otro improvisación –suspiró- ¿Qué están haciendo en el concejo?
- La idea del director es que simulemos una discusión entre dos bandos políticos, los conservadores quieren abrir un prostíbulo en la ciudad con la inversión de un extranjero, un asiático, y nosotros queremos evitarlo.
- ¿Y qué tal te va actuar de intendente?
- Una cagada, me aburre, y sabes qué, ojala tuviéramos prostíbulo en la ciudad, al menos tendríamos algo más o menos normal que hacer.
- ¿Te referís al sexo?
- ¡Claro! Con tantas personajes cuando hago el amor con Jorgelina ya no sabe cómo llamarme, se le mezclan las fantasías y me dice puros nombres diferentes, o me pide que me vista mezclando mis personajes anteriores, hasta el sexo se volvió bizarro –explicó Mundali con tono de estar contando una comedia trágica-. Una puta no sabría mi historia, ni siquiera mi nombre, le bastaría con que sea esto, un pito sobre el cual montarse.
- Vivimos de la confusión –declaró Jake.
- Conforme –dijo Mundali.
- ¡Un brindis por la confusión! –declaró Jake
- Conforme –dijo Mundali y chocaron sus vasos.
- ¿Sabes qué me quede pensando? –dijo Jake- ¿Sera que la idea del inversor asiático la sacaron del japo loco que anda en la ciudad?
- ¿Vos también lo viste? –dijo Mundali entre risas.
- ¡Sí!
- La diferencia es que el japo de la obra es millonario, y el que anda por la ciudad si no pide comida es porque todavía no aprendió a hacerlo en español.
- Otro loquito más –dijo Jake.
- Quien sabe capaz le sirve hablar en japones, algún director lo puede aprovechar para una obra absurda o una comedia trágica.
- Estoy de acuerdo, ese japo tiene un efecto descolocado, al fin y al cabo, si se pone un disfraz sin entender nada, se va a convertir en el símbolo vivo de las locuras que ocurren en nuestros tiempos –dijo Jake, y con Mundali, brindaron una vez más.
Después de dos cervezas, algunas anécdotas, y un último brindis, la noche de Jake encontró su final en el comedor de su casa, sobre la mesa, en la que antes de acostarse, volcó un poco de polvillo blanco y lo aspiró por la nariz.
Mascuro abrió los parpados con tenacidad y una sonrisa fracturó su rostro con una mueca exagerada. Se sintió tan contento que pudo oír la adrenalina golpearle la parte trasera de los glóbulos oculares. Los ciento setenta días finalmente se habían cumplido, el momento había llegado, y él estaba listo para unirse a los ciudadanos con disfraces. Abandonó el banco de la plaza en el que había pasado la noche al cobijo de una frazada deshilachada, y con su buen ánimo acorazado, se encaminó a la oficina de la Comisión de Disfraces y turismos. Llegó y encontró la puerta de la oficina cerrada, dio un golpe con sus nudillos pero nadie atendió, el tiempo no apremiaba, eran las ocho de la mañana y no habría hasta las nueve, pero Mascuro, con su sonrisa estúpida y deslumbrante, continuó tocando. Después de veinte minutos de insistencia vio asomarse dos pequeños círculos en la ventana del primer piso, y la luz del sol, develó para Mascuro, que eran ojos.
- Jolaaaa olaa –gritó Mascuro saludando al hombre del a ventana, y finalmente, unos minutos después, el jefe de las oficinas le abrió.
Tras una presentación fallida, Mascuro intentó explicar a Rafoque, el jefe de la C.D.T, que llevaba más de ciento setenta días en la ciudad por lo que según el reglamento le correspondía usar un disfraz. Rafoque no entendió ninguna palabra de las que mencionó el asiático porque el idioma japonés no era su fuerte; aunque tampoco lo era el inglés, o el español –su lengua nativa-; en realidad, el único idioma que entendía era el del dinero, por eso, intentó comunicarse por medio de esta lengua con el japonés.
- No te entiendo nada, tírame unos mangos y arreglamos –dijo Rafoque.
- No complendo –respondió Mascuro sin verse afectada su gran sonrisa.
- Dinelo dinelo ¿Complende? –dijo Rafoque.
- No dinelo no, disflaz, disflaz –replicó Mascuro agitando su cabeza intentando encontrar las palabras correctas.
- Dinelo por diflaz –insistió Rafoque.
Mascuro hundió las manos en los bolsillos y los rebatió hacia fuera, mostrando al jefe de la C.D.T, que si buscaba dinero estaba hurgando en el lugar equivocado; hurgar en los bolsillos de Mascuro para conseguir plata, era igual de inútil que hurgar en un culo para encontrar una mina de oro. Rafoque no tardó en darse cuenta de este hecho, por lo que simplemente hizo pasar al asiático y empezó los trámites. Del segundo cajón sacó un registró que los interesados en quedarse en Fundalí debían firmar, porque de esa forma, la Comisión de Disfraces y Turismo llevaba la cuenta de los días que cada uno había pasado en la ciudad; y efectivamente, el japonés, cumplía esa tarde siento setenta y un días.
Salió de la casa de las oficinas de la C.D.T vistiendo una sombrero de paja que hacía sombra sobre sus ojos estirados que eran como dos mulas que caminaban en dirección contraria; a éste primer espectro campesino lo acompañaba una camisa gaucha bordo clara con manchas de mate con café. Debajo llevaba una bombacha de campo, de un suave color marrón, que terminaba en sus pies en los que arrastraba un par de alpargatas verdes descocidas. La mezcla de ropa que vestía Mascuro era un big bang capaz de desorientan a cualquiera, a primera vista, no era nada en particular, pero con una segunda mirada lo era todo aunque seguía sin conformar nada. Lo único que sabía con seguridad era el nombre de su personaje, y lo que debía hacer <Ahora sos el acosador amarillo> había entendido Mascuro a Rafoque, que le había puesto amarillo basándose en el tono de su piel oriental. Cuando llegó a la plaza alrededor de las nueve y media de la mañana los primeros turistas comenzaban a dar sus caminatas tempraneras, y él acosador asiático amarillo, camuflado por la luz del sol, se encontró listo para dar pie a su actuación. La mano de Mascuro, acompañada por su rostro sonriente, se hundió en la nalga izquierda de la turista y con furia titánica se frunció dándole el pellizco del milenio; el marido furioso intentó perseguirlo pero cuando se echó a correr el japonés había cruzado mitad de la plaza. Delgado pero con espíritu de fénix, el acosador amarillo se mostró veloz e inalcanzable, después de lo ocurrido continuó corriendo durante unos minutos más hasta que se extinguió en algún horizonte de la ciudad. Luego caminó hasta la calle central y decidió continuar con su caza; miró a un lado de la vereda y vio una mujer vestida de Eva Perón que estaba dando a un discurso parada sobre un cajón de madera, mientras el público, la aplaudía eufórico; la presa perfecta. Corrió directo hacia Evita y pasó a su lado y le arrancó el vestido de un manotazo, y en ese momento incomodo, inesperado, en que la tela descubrió el cuerpo de Eva pasó algo peor, su corpiño se rompió, y de el, cayeron dos cocos de maderas que rebotaron en el suelo y descubrieron el pecho plano de la mujer en el que en vez de sus tetas tenía dos grandes cicatrices en cruz.
Jake se sorprendió cuando vio pasar por la vereda de su casa el auto de policía de la Agencia de Control de Disfraces, porque generalmente Fundalí, acostumbrado a su locura cotidiana, era un lugar tranquilo. Escucho la sirena perderse en la distancia y esnifó una línea de polvo blanco como desayuno, enseguida partió para encontrarse con Romundo e ir a hacer su malabarismo decadente al semáforo. En el caminó se encontró con Marilyn que iba con sus tacos altos de lentejuelas caminó a la plaza a encontrarse con Julia y Robin Hood. Monroe le comentó el suceso extraño que había sucedido poco antes en la calle central, que incluía un par de cocos, una mujer sin tetas, y un japonés acosador. Jake no terminó de entender lo sucedido, en realidad sí lo entendió, pero se hizo el desentendido. Al llegar la esquina del semáforo Romundo lo esperaba mientras fumaba un cigarrillo y recitaba poesía a los peatones; Jake espero que el semáforo se ponga en rojo y empezó a hacer malabares con una sonrisa maltrecha, mientras la mueca de la gente se debatía entre la diversión y el aburrimiento; una moneda por aquí otra por allá, una para Romundo por recitar Baudelaire y otra por el esfuerzo para Jake. Y una vez más el ciclo se cumplía mientras pasaba el día, y sus personalidades, detrás del disfraz del payaso, se deterioraban con el paso del tiempo.
Jake se despidió de Romundo cuando la luna toco el punto más alto, y sólo, se fue a visitar a el jefe de la Comisión de Disfraces y Turismo en el mismo lugar de todos los martes nocturnos. Cuando llegó a la casa golpeó la puerta dos veces y una barriga abrió la puerta, detrás de la panza estaba el rostro de Rafoque, que chorreaba grasa de cerdo por doquier. El viejo lo invitó a sentarse en la mesa y lo ofreció un churrasco recién cocido, Jake se negó, hizo una seña e indicó que quería lo que vino a buscar.
- ¿Y la chica? –preguntó Rafoque.
- Debería estar por llegar, le di la dirección.
- ¿Es una turista?
- Sí.
- ¿En la ciudad no quedan muchas tetas no? –se burló el gordo.
- Gracias a tu servicio apenas quedan unas pocas.
- ¿Donde la encontraste a esta?
- Es una mochilera que vino del norte del país.
- Las pobres son las más fáciles de convencer ¿No?
- Un poco.
- Lo bueno es que va a volver más liviana de lo que llegó –dijo el gordo soltando una carcajada- las tetas pesan.
- Como dos hipopótamos supongo, Robin sabrá más de eso que nosotros.
- Robin es un experto, un escultor, sólo él y su magia con el bisturí pueden lograr cortarle las tetas a una pobretona y hacerlas lucir en el pecho de una mujer que las merece.
- Las merece porque paga –replicó Jake.
- Exacto, por dinero mueve el mundo y por dinero se mueven las tetas, emigrando de un cuerpo a otro, a cuerpos burgueses, hechos con dinero, que pagan por tener tetas naturales, grandes, infladas como dos globos aerostáticos ¿Y sabes qué? Los platudos van a seguir pagando mientras siga habiendo tetas que cortar –concluyó Rafoque.
Sonó el timbre, el jefe se acercó a la mirilla de la puerta y a través del hueco pudo ver a la muchacha norteña con su escote azul apretado, pulposo, amplio, como diciendo <Este par de tetas valen la plata que pedí por ellas>. Rafoque se dio vuelta y sacó del bolsillo una bolsa con polvo blanco y se la aventó a Jake que la atrapó en el aire, le hizo una seña y Jake partió por una segunda puerta, dejando atrás a la turista, a Rafoque, y a Robin, el cirujano, que seguramente se estaba alistando en el cuarto de atrás, en el que pronto, la norteña, abandonaría sus tetas.
Mascuro amaneció escondido entre un grupo de arbustos verdosos en una de las plazas marginales de Fundalí. Una paloma grilló sobre un árbol gastado y otra contestó, y Mascuro se sumó al grillar de las palomas y atravesó la plaza enfocado en llegar al centro de la ciudad. En su vagabundeo hacia la calle principal se topó con un auto de policía de la Agencia de Control de Disfraces que pasó a una cuadra de distancia, por lo que divertido, agachó la cabeza y siguió caminando; estaba seguro que la policía lo seguía porque todo era parte de la escena del personaje que le había encargado el jefe Rafoque. Siguió su camino camuflado, evitando los autos de la A.C.D que desde el día anterior parecían rondar con mayor frecuencia. Pensando se dio cuenta que no pasaría mucho tiempo antes de que lo atrapen, así que decidió hacer todo lo posible para impresionar al máximo a la Comisión de Disfraces y Turismo antes de que su interpretación acabe. Una vez en el centro el acosador amarillo entró a un local y compró un cuchillo de carnicero, y salió preparado para implosionar Fundalí con su gran final. Con el cuchillo en la mano, aunque escondido detrás del muslo, meditó durante unos segundos sobre su firmeza, y sin dudarlo, sonrió y arrancó la cacería.
Observó la muchedumbre de peatones y eligió dos mujeres que pasaban caminado por la vereda de enfrente, una muchacha norteña con un vestido azul, con escote pero raramente plano en la zona torácica, y la otra, madura, con un collar de diamantes colgando sobre su pecho en el que emergían dos grandes tetas como un par de globos terráqueos. El acosador amarillo avistó las presas, y sin pensarlo más de lo necesario, entró en acción. Con disimulo se acercó a la mujer de los grandes senos, sacó el cuchillo, y en un sólo movimiento certero rasgó su pulposo escote. El vestido se rajó en dos haciendo emerger las tetas hacia fuera como dos gomones dispuestos a partir de un puerto extranjero, y el corpiño, que no soportó el peso de los senos implantados, voló escupido como un resorte en fuga. La mujer dio un grito de dolor cuando sus aerostáticas tetas recién adquiridas quedaron colgando, tirando de los puntos quirúrgicos que las unían a su pecho, y que parecía que estaban a punto de cortarse. La norteña miró sus antiguas tetas colgando del pecho de la mujer que se las había comprado la noche anterior y sintió repulsión, parecían querer desprenderse, enajenarse, caer al suelo y volverse un muñón de carne inútil. Ante esta imagen retrocedió aterrada, con una mueca igual a la de un gato que intenta en vano hacer el amor con una máquina de escribir olvidada en un techo bajo el frío del invierno, y en un ataque de desesperación se abalanzó sobre Mascuro que se había quedado suspendido unos segundos observando la imagen bizarra de las tetas cocidas. El acosador amarillo recuperó su atención un momento antes y alcanzó a esquivar la norteña que cayó de espaldas al suelo, y sin dudarlo, continuando con su interpretación, rasgó el vestido azul dejando a la vista de todos las dos grandes cicatrices donde hubieran debido estar los pechos de la muchacha. La mujer madura intentó sostener sus pechos pero estaban resbaladizos por el gel post-operatorio y se le escaparon, ante la falta de sostén un grupo de puntos quirúrgicos cedió haciendo que una de las tetas cayera al suelo convirtiéndose en un cadáver, en un testigo del malformado deseo humano. La norteña, impactada, y ante los ojos de la muchedumbre solo atinó a decir <Mis tetas, mis tetas, devuélvanme mis tetas> mientras el acosador amarillo, sin queda nadie lo siguiera por miedo al cuchillo que agitaba sin cesar, se echó a correr calle abajo, esperando haber logrado una buena audición.
El rumor del asiático acosador recorrió las calles la ciudad de Fundalí con una velocidad inminente, por lo que ese mismo día un gran número de turistas decidió marcharse. Por el centro y por las calles laterales una cantidad de autos policías se desplegaban en busca del oriental; Jake que continuaban haciendo malabares en la esquina, frente al semáforo, observaba el movimiento con sorpresa, sin entender que sucedía. El día terminó rápido y Jake volvió a su casa, en la calle, antes de irse lo único que lograron enterarse con Romundo fue de un supuesto rumor de un japonés que surcaba las calles acosando gente. Pero aunque Jake no lo imaginaba en ese momento, el conflicto había llegado más lejos, los turistas habían percatado que algo morboso estaba sucediendo en la ciudad, más allá de la situación del acosador, a una de las mujeres le faltaban las tetas.
El timbre del teléfono despertó a Jake a las cuatro de la mañana, con los ojos apenas abiertos lo miró con extrañeza, pero ese mismo sentimiento, de que algo podía estar pasando, lo hizo atender.
- ¿Hola? –dijo Jake preocupado.
- Pendejo, escúchame, necesito que salgas a la calle a buscar al japonés ese ¡Ya!
- ¿Rafoque?
- Si –dijo el jefe de la C.D.T- ¿Me escuchaste lo que te dije?
- Espera no entiendo ¿Qué paso? Me contaron que anduvo acosando gente.
- No sé qué hizo, pero por su culpa ahora tenemos a la policía y la A.C.D encima, parece que los turistas se enteraron lo del negocio.
- ¿Cómo que se enteraron? –preguntó Jake con la angustia humeando en su garganta.
- ¿Te acordas de la norteña que vos trajiste? Bueno ella y la que le compró las tetas se hicieron amigas durante la cirugía y al otro día salieron a caminar por la ciudad.
- Si me acuerdo...
- Y el japonés psicótico no sé cómo se enteró que estaban operadas y las desnudo frente a todo el mundo, para que todos lo vean, ahora que la bola se está corriendo no sé qué va a pasar muchachito, así que más vale hace lo que te digo, porque si caigo caes conmigo, así que salí a buscar al japonés ahora mismo y me avisas cuando lo encuentres –dijo Rafoque y corto.
El mundo de Jake dio un giro de noventa grados y sintió que quedaba parado patas para arriba, al revés, perdido en la inmensidad de una red mafiosa en la que sin querer había terminado participando. Salió de la cama y decidió vestirse, pero justo cuando estaba por ponerse el maquillaje razonó que tal vez le convenía pasar desapercibido, al menos durante lo que dure la búsqueda en noche para no levantar sospechas; resolvió disfrazarse de otra forma, por lo que buscó en el armario y se puso un improvisado atuendo de mujer con una peluca rubia que le pasaba los hombros. En sus pies se calzó un par de zapatos negros con taco corto y sin más, vestido como una diva después de su jubilación tardía, se aventó a la oscuridad en busca del oriental. Hizo unas cuadras y se cruzó con dos patrullas diferentes, la policía estaba buscando arduamente a Mascuro. Pasó por al lado de la imprenta de diarios de la ciudad y escuchó el ir y venir de las resmas de papel, el movimiento de las impresoras, y las impresiones que se oían sin cesar; durante un momento rogó no tener nada que ver con la tapa del periódico de ese día. Lo único que se le ocurrió como una idea viable es ir a indagar en las zonas marginales de la ciudad, donde al menos Mascuro tendría un lugar donde esconderse. Entró en un barrió apartado de Fundalí mirando a diestra y siniestra en busca del japones, había unos pocos hombres despiertos en una esquina, pensó en acercarse para preguntarles pero en ese momento uno de ellos gritó <!Mira ese culo mamita!> y Jake se acordó que llevaba cabello rubio y pollera. Cruzó un descampado y siguió sumergido en una parte poco habitada de la ciudad, llegó a una plaza y cansado de tanto vagar se sentó junto a unos arbustos; del otro lado de los arbustos, Mascuro dormía plácidamente, pero su sexto sentido oriental se despertó cuando sintió que una mujer estaba cerca. Jake percató la presencia de alguien a sus espaldas en el momento en que la mano del acosador amarillo se posó en su hombro y le arrancó parte del vestido. El payaso vestido de mujer retrocedió hacia atrás y Mascuro se le tiro encima para terminar el trabajo, pero Jake lo esquivo y le puso el pie delante al japonés que tropezó y se dio la jeta contra el suelo; Mascuro se dio vuelta para levantarse pero lo único que pudo hacer fue toparse con la mano de Jake que colisionó brutal contra su cien. El acosador amarillo despertó en un cuarto oscuro después que Rafoque le diera una bofetada; a un lado Jake simplemente observaba.
- ¿Qué carajo hiciste chino de mierda? –gritó Rafoque.
- Watashi wa nani mo shi...
- !Habla en español carajo! –lo interrumpió Rafoque con otra bofetada.
- Watashi wa..
- La puta madre –murmuró Jake arrancándose su peluca rubia y tirándola al suelo.
- Acosadol ama lillo, acosadol amaliyo –dijo Mascuro rompiendo en llanto, y en el rostro de Rafoque se formó una mueca incrédula, como si de golpe una incógnita hubiera cobrado sentido.
- No te puedo creer –dijo Rafoque- ¿Acosadol amalillo?
- ¿Qué qué paso? –preguntó Jake.
- Acosadol amalillo... –dijo una vez más, y enfureció- ¿Las orejas las tenes igual de achinadas que los ojos que no escuchas una mierda? Te dije cosechador amarillo ¡Cosechador! ¿Por qué sino te voy a dar un disfraz de campesino? ¡La puta que te pario, eras cosechador de arroz chino de mierda, cosechador!
- ¡Acosadol, acosa... –gritó Mascuro, pero lo interrumpió una piña de Rafoque que estampó su rostro.
Esa mañana Romundo despertó con sueño, el día brilló de forma rara, como si alguna nube gris que tapara el cielo se hubiera extinguido durante la noche anterior. Preparó un café con dos cucharadas de azúcar, busco el diario, y cuando vio el titular, su corazón pulsó un golpe de sorpresa <Jefe de la Comisión de Disfraces y Turismo detenido por tráfico de órganos>. Y enseguida continuó con la lectura del copete <El jefe Antonio Rafoque de la C.D.T fue detenido esta mañana, tras un allanamiento, por tráfico ilegal de senos, en conjunto con otros dos sospechosos, Jake Moraldo y Mascuro Kirashima. El conocido actor y cirujano que interpretaba a Robin Hood, Atilo Dafor, está en fuga>. Terminó de leer la nota, se levantó, tiró lo que quedaba de café, se vistió con su ropa de actor y la nariz de payaso y partió para la comisaria. Cuando llegó tuvo que atravesar la puerta abarrotada de periodistas y familiares de Rafoque para poder entrar, pero cuando habló con la secretaria no le permitieron comunicarse con Jake; ante la negativa probó llamar por teléfono pero le negaron la comunicación una vez más. Rendido y preocupado ante la incomunicación con Jake, Romundo hizo lo único que podía hacer, ir sólo al semáforo a trabajar. La tarde se extinguió en un horizonte solitario y la noche siguiente paso hundida bajo el sonido del tecleo de los periodistas del periódico de la ciudad. A la mañana siguiente, cuando Romundo despertó y vió el titular, no pudo evitar sentir el desmoronamiento de lo que quedaba de Fundalí <Tras el testimonio del jefe de la C.D.T, el intendente Pondamio Zimbayo cae sospechoso por tráfico de cocaína>; suspiró y una vez más intentó comunicarse con Jake, pero esta vez, ni siquiera lo atendió la secretaria de la comisaría, por lo que cansado, decidió no ir a trabajar. Antes de dormir se hizo de fuerzas para leer un poco más del diario, en la segunda página encontró una nota premonitaria <Un 80% de los turistas abandonan Fundalí ¿La ciudad a la quiebra? La crisis no perdona>. Pasó a la nota principal y leyó lo siguiente <El juez declaró prisión preventiva para Jake Moraldo y Mascuro Kirashima. Por otro lado, Antonio Rafoque, aún se debate por su libertad>. Al día siguiente, ansioso, se despertó temprano para poder leer el diario, y cuando lo busco, en la tapa, se encontró con el fin <En el marco de la corrupción presente, el presidente de la nación, Martin Defarco, impone el cese definitivo del circuito turístico de la ciudad de Fundalí>.
Jake se rascó la cabeza y se manoseo el rostro, estaba aburrido, en los últimos tres dos meses en prisión no había desarrollado ningún método para mantenerse entretenido, estaba demasiado deprimido para eso. Por la ventana con barrotes entraban los ruidos de los petardos y los bombos de la marcha de los actores desempleados de Fundalí, la crisis volvía a socavar una vez más a todos los ciudadanos. Jake se paró en puntas de pie y a través de los barrotes fríos miró por la pequeña ventana, en el bulevar, la gente pasaba caminando con pancartas; <Tal vez a ellos les devuelvan sus trabajos, pero a las mujeres nadie le va a devolver las tetas> pensó Jake y rio con su rostro demacrado por el encierro.
- ¿Y vos qué pensas de todo esto japo? –dijo Jake hablando con su compañero de celda.
- Fundalí engaño a Mascuro –dijo el asiático sobándose el cachete- Fundalí mentila.
- ¿Engaño? Vos sos un pelotudo, vos ocasionaste todo esto.
- Mascuro inocentle –dijo el japonés.
- ¿Te das cuenta qué dejaron a todos sin trabajo por tu culpa? –dijo Jake señalando la ventana- ¿Qué todo esto paso por tu culpa porque sos un chino de mierda?
- Chino de mielda, pelo en un mes estoy fuela de aqui –dijo Mascuro con una sonrisa, y Jake, con seis venas bombeando rabia en su cuello se le tiró encima para golpearlo.
Un guardia cárcel escuchó un gritó de Mascuro e intervino, sin dudarlo le dio a Jake un sopapo en la cien que lo hizo caer al suelo, y como castigo, con ayuda de otro guardia lo levantaron para llevarlo a solitario. Cuando lo arrastraron hacia fuera de la celda, en el forcejeo, un papel cayó del bolsillo de Jake y terminó en el piso. Mascuro se incorporó balbuceando y juntó el papel del piso y sin intentar leer lo que decía porque estaba en español, paso su lengua por detrás y lo babeo y lo pegó en la pared de la celda para decorarla; en el la superficie amarillenta la letra de Jake pronunciaba <Fundalí es como el ano en el centro del culo, un descampado decadente en el que toda la mierda va a morir>.