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Desde el más allá
Hoy jueves 4 de abril de 2027, ponemos a prueba la primer entrevista espiritista desde el más allá de la mano de Daniela, una experimentada vidente y médium espiritual de la Argentina. Aclaro que la ausencia de su apellido se debe a que prefiere mantenerlo en anonimato. Son las dos de la madrugada, me encuentro en la casa de Da niela, acabo de llegar. Estoy solo, únicamente llevo mi grabador, como acordé con ella previamente, nada de cámaras. Según me explicó quería permanecer en el más pleno anonimato, ya que suponía que tal invocación podría traerle problemas. Nos sentamos alrededor de una mesa de madera lisa cubierta por un mantel negro, con un estilo antiguo, recubierto por dibujos de cruces más bien lúgubres. En la base de la vela prendida del centro de la mesa, se encuentra atada una corbata que yo suponía que era de Juan Domingo Perón, la persona que era mi intención invocar (Como me había explicado anteriormente la médium, era indispensable cualquier tipo de objeto que haya pertenecido a la persona que deseara ser invocada para que la invocación funcionara). -Valga la aclaración, mi abuelo era militar, pero peronista, y fue muy cercano a Juan Domingo Perón, lo suficiente como para que una vez a falta de corbata para ir a una cita, este gran hombre le regale la suya. Así fue como finalmente llegó a mis manos, heredada tras la muerte de mi abuelo.- Daniela anunció que estaba lista para dar comienzo a la sesión, y me comentó que nunca antes le habían pedido algo así. “Nunca antes deje entrar un político en mi cuerpo”, dijo con una seriedad que quitaba toda duda posible sobre si era o no una broma. Le di “Play” a mi grabador, tomó mis manos formando un círculo alrededor de la vela, dijo unas palabras en latín, y tras un leve temblequeo Daniela cerró sus ojos y una voz rasposa y masculina surgió de su garganta. - Muy buenas noches, señor - dijo una voz desde Daniela. Enmudecí durante dos enteros minutos, los más largos de mi vida, finalmente la voz volvió a hablar. - Buenas tardes, señor, Repito. – dijo la voz. Inhalé, exhalé, y hablé. - Bue... buenas, es el honor más grande de mi vida mi... mi general – dije tartamudeando. - ¿General? Yo no soy ningún general, solo soy un hombre. - No necesita ser modesto; luego de todo lo que hizo por nuestro país, usted es un prócer – dije con más confianza - Yo solo soy un hombre, hijo mío – Repitió
- Presidente, no sea modesto, general Perón – Repetí La voz que yacía en las cuerdas vocales espiritualizadas de Daniela comenzó a reír, el pánico invadió mi cuerpo por unos segundos hasta que hablo. - Hijo mio, me has confundido con Juan Domingo Perón – dijo con tono de sorpresa. Entre en pánico, pero atine a hacer la pregunta obvia. - ¿Quien se encuentra ahí? - Soy Raúl Scalabrini Ortiz – dijo sin vueltas. No comprendía que había sucedido, pero ya no me importaba nada, decidí realizar las preguntas que ya tenía en mente. El grabador seguía grabando. - Mil perdones por la confusión, no fue mi intención, pues sé que usted es radical de corazón – Dije con un tono entorpecido por el susto, intentando recordar mis clases de Historia Política Argentina que cursé hace algunos años. - ¿Me permite realizarle unas preguntas? – - Si, pero por favor Señor, no se confunda, era radical. Mis ultimas ilusiones se vieron quebrantadas durante 1958 y 1959, cuando un tiempo antes de morir pude ver como el maldito de Frondizi desechaba el país en manos de extranjeros, vendiendo la Argentina al anunciar su adhesión al Fondo Monetario Internacional y luego, realizando acuerdos con banqueros de Wall Street. Oh dios, amigo mio, si usted pudiera imaginar como os vemos desde aca. Pensé que con la muerte llegaría mi paz, pero no, desde aquí veo todo lo que sucede, es como un gran diario mundial, el curso de la historia se detalla ante mis ojos continuamente, es un poco inexplicable, usted debería estar muerto para comprenderlo. – Dijo seriamente. No era Perón, pero lo escuchaba maravillado, estaba anonadado, apenas podía preguntar. - ¿Nos.. nos ve?. ¿Qué.. qué ve? – Apenas pude articular esas palabras. - He visto el curso de la historia, he visto la caída de Frondizi por el golpe militar, he visto la vuelta al poder del radicalismo de la mano de Illia en el 63, pero ninguno volvió a convencerme. Pude ver la lucha por asunciones al poder y los derrocamiento constantes de manos de los militares y el sufrimiento del pueblo durante el largo periodo de represiones dictatoriales que estos ocasionaron y el terrorismo de estado que cometieron. Y quiero aclarar un punto querido amigo, por más que yo haya escrito y denunciado el poderío de Inglaterra, no justifico la muertes perpetuadas a lo largo de la guerra por aquellos indignos generales y asesinos. Yo respaldo las privatizaciones estatales, la sustentación propia de la economía de nuestro país sin la necesidad de depender de aquellos extranjeros que solo buscan explotarnos, pero no respaldo tantas muertes por tales intereses. Definitivamente amigo mio, he sufrido más aquí arriba, sin poder hacer nada más que mirar tanta catástrofe, que allá abajo, pues aquí abajo tenía la posibilidad de denunciar, de hablar, porque al fin y a cabo lo que nunca debemos hacer, es callar, ante la injusticia, callar.“ Sus palabras salían como poesía que se adentraba en mis oídos. Supe que no necesitaría utilizar el grabador a la hora de escribir esto, pues su fuerza a la hora de hablar era única, oscilaba entre la seguridad de un patriota y el sufrimiento de una voluntad intelectual allanada por la muerte. Estuve a punto de realizar otra pregunta, la definitiva, necesitaba llegar al gobierno actual, el punto de quiebre para que Scalabrini lo destroze con su penetrante discurso y así incitar lo que me trajo hasta aquí teniendo fe hasta en las cosas más absurdas, las ansias de revolución. Pero en ese mismo instante Daniela se desplomo contra el respaldo de la silla con una respiración muy agitada que colmaba su pecho. - Estoy bien – Me dijo rápidamente – Es lo más que pude soportar – De esta manera, el jueves 4 de abril de 2027, fui el primer periodista en cubrir una entrevista espiritista, y también el último, pues fueron prohibidas dos días después que esta entrevista saliera a la luz en los diarios y en la televisión (lamentablemente mentí a Daniela, llevaba una cámara oculta en el bolsillo derecho de mi camisa con la cual grabe la sesión completa). La razón por la que expuse esta entrevista a los medios y engañé a Daniela no fue por motivos personales, si no porque lucho por exponer la verdad, para que el pueblo comprenda que nos mienten, que se puede destituir a esta nueva dictadura que asumió tras un golpe de estado en el 2022 y busca enterrar nuestra historia. Las razones que dio el gobierno tras la prohibición de las entrevistas espiritistas fueron que a pesar de que el material logrado y publicado en esta entrevista fue muy escaso, en un futuro si continúan con estas prácticas los medios podrían acceder y publicar material delicado que pudiera poner en peligro la historia "ya escrita de nuestra querida Argentina", dijo el facho del presidente. Y justamente para nuestro gobierno derechista no muy democrático actual, el cual rige hace cinco años en el poder, que los periodistas y los medios tomen tal poder podría poner en desbalance el sistema político que rige nuestro país, o mejor dicho su país y nuestros barrotes. Desde ese día todos los objetos de los próceres se guardan en una caja fuerte del estado, aunque si me preguntan, algunos quedan dando vuelta, y a esos son a los cuales el gobierno no puede llegar porque antes que puedan acercarse, llegaran a nuestras manos, la de los revolucionarios, porque al fin y a cabo es nuestra historia, porque pertenece a nosotros, al pueblo, y no puede ser borrada frente a nuestros ojos, porque pertenece a los que buscan desenterrar la verdad para exponerla y luchar. Y les aseguro que antes que los políticos puedan parpadear sus ojos, una próxima entrevista mucho más certera saldrá a la luz. Agrego que finalmente decidí no quedarme con la duda y realice otra sesión (con otra espiritista) para hablar con el espíritu de mi abuelo y preguntarle por la corbata, pues si era de Perón no entendía porque había aparecido el gran filosofo Raúl Scalabrini Ortiz. La sesión funcionó, igual que antes, de la mano de Rosario, la nueva médium. Después de una breve charla sobre la familia con el tata, le pregunté quién le había dado la corbata, si realmente era Perón. Con su memoria espiritual media machacada, me dijo que pensándolo bien, la corbata no se la había dado Perón, se la había dado aquel hombre que esa noche lo acompañaba a él y a Juan Domingo, y que no recordaba bien su nombre, pero era algo así como Roque o Raul. “Si si, Raul, un tal Raul Ortiz que yo desconocía”, me dijo el viejo, y la sesión terminó.