PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Que sutil nombre lleva la memoria
La piel envuelta en secas cortezas le soplaba a los vientos que posaban en sus ojos, era una fina línea diurna entre el desayuno y la fiaca que aún nos hunde en lo profundo del colchón, sentí que sus soplos eran sabanas disueltas en mis cabellos y que mis ojos podían dejarse arrastrar por nubes tiradas por correas hasta el último de los días, porque aquel momento se sintió como el fin de las miradas, jamás podría ver algo más risueño que el contorno de sus costillas tirando de las telas de su piel, estirándolas como los gatos que cuelgan con sus uñas de las cortinas hasta desgarrarlas, y el tiempo entero podría haber salido expulsado desde una herida en tu vientre y entrometerse en lo profundo de mis recuerdos hasta que no me quepan más, porque vos podrías haber sido sin más momentos, el último de mis recuerdos.