PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Nubes de café
Acumula placer de cristal, envuelve el ritmo en la taza plástica, porque la porcelana nunca encajo en sus ojos de cartón, abre su mano de papel y toma por el mango sin dejar caer las gotas negras, pero una en fuga humedece y vuelve sus dedos de una fina grisura; es un torrente de dudas y temblequeos de pensamientos en formas de dardos de algodón suspendidos sobre la mesa como nubes suaves, que apenas se dejan llevar y se blanquean, se esparcen al soplo del niño que erra al líquido caliente, a el agua negra que apenas la cubre unas nubes de un suspendido vapor, que al cabo de unos segundos, se vuelven lluvia y salpican sus dedos de papel, haciendo caer la taza sobre la mesa, derramando el líquido hacia sus piernas, dejando bajar la negrura hacia un suelo que se vuelve río, y él parándose en la silla, no tarda en lanzarse con una sonrisa en aquel lago negro que se ha formado en lo más profundo del suelo.