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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Nuevamente, las cuatro paredes

El tenía un pensamiento del que estaba tan seguro como su nombre, decidió ponerle una correa y sacarlo a pasear, dando algunos pasos cortos y otros largos lo llevo hacía ese lugar, un poco asustado, temiendo lo de siempre pero intentando auto convencerse que esta vez podría ser diferente. Golpeo, camino y entro. Estaba entre cuatro paredes, una vez más, auspiciando sus problemas con la misma sintonía con la que late el corazón, abriéndose al medio y dejando paso libre a la publicidad de sus dramas internos, esperando el momento adecuado para soltar la correa y dejar escapar (aunque con miedo) al grande, al incontenible que daba vuelta en su mente hacia unos cuantos días. Y una vez más sucedía lo mismo, como la hélice de un molino que gira siempre hacía el lado del viento entre esas cuatro paredes todo giraba siempre para el mismo sentido, el de la descomposición, el de la intranquilidad que se transmitía en una inseguridad para dar paso a una brecha de una creencia que uno creía unificada. Y una vez más, después de arrollar un poco más su personalidad, se levantaba, caminaba y salía, para sin tanto más, volver a ser el mismo.