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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

No triunfaras

Dexter Bukowskiano quiso matar a la poesía. La forzó sobre una mesa y logra atarla de pies y manos. Silenció su boca con un pañuelo y enterró un cuchillo en su pecho. La sangre fina de gotera rayo el cuarto de un color rojizo. El homicida sonrío a la luz y no vio a las palabras urgiendo del opulento liquido colorado como pequeños duendes mal intencionados. Bajo su cabeza y sus cordones habían desaparecido, sintió movimiento sobre su espalda, era tarde, los pequeños  trepaban como prosas hacía su cuello. Intento estampar su espalda contra la pared antes de que trepen, pero los duendes  poéticos domaban su nuca ahorcándolo con los cordones. Sus ultimas palabras no fueron oídas, solo enmudeció ante su propio asesinato, ante la palabra universal, ante el ultimo silencio, ante la muerte.