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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Inmanencia

Dame anís en gota que necesito una lágrima, no, no para mi cornea, sino para beberla y adentrar un poco de tristeza a mi fuga de melancolía diurna que sucede con el café de cada mañana ¿No ves que quiero esa melancolía en polvo? Solo un poco más, al menos lo suficiente para contemplar el amor que abandono a mi cuerpo en la calle de los ambulantes heridos por el recuerdo, solo un poco más, para fundirme en el mirador fútil de extensas montañas de tu actitud menguante, de harapos nevados, de cristales apagados y pulcritud consecuentemente inutil; dame un beso seco, con labios agrietados, con deseo inocuo, con pomelos marchitos, y así lograr enamorarme una vez más de la destrucción, del último tedio del mundo, de la frialdad fugada de cada punto del enorme y frío universo.