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PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

El que dicta en el paramo

En el día en que sol brilla, los paramos, detrás del castillo, se enredan en su dasyuno matutino de moscas; en la ventana del castillo un hombre con un arco apunta al ciervo que come musgo en el pantano. Canta un pájaro. El eco rebota, también, lo hace la flecha ¿Cuál es la linea inevitable de esta historia? ¿La muerte de la flecha? ¿O la muerte del siervo? Si la flecha no puede morir en tanto es un objeto, pero tampoco puede matar al siervo en tanto lo dicta el autor, sólo queda esperar que el deselance suceda en el movimiento de la historia que repite su eco neuronal una y otra vez dentro de un frasco oscuro dentro de la mente. Un niño aparece en la torre superior y se tira al vacío, claramente, es un suicidio. El hombre del arco, exaltado, envuelto en la figura del miedo, entornado sobre la hoz de su angustia, se lanza al vacío en pos de cometer el mismo acto heróico que realizó el niño ¿Pero por qué su acto es heróico? Porque así lo dicta el siervo, que come musgo, tranquilo, en el paramo.