PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
El velatorio de mi madre
Tiemblo como lo hice en el año en que el tiempo mato a mi madre. La acuchillo en la cien con delicadeza. Tiempo cirujano. Tiempo mormón de cuchillo fino. Tiempo de corte habil. Cuando murió el tiempo no asistió al velatorio. Sólo se presentaron rostros de todo tipos. Rostros sin ojos, con cuatro bocas, con tres pómulos y dos frentes tatuadas con lineas negras. Fue tan raro su velatorio, pero falto el tiempo. Y como no fue el velatorio nunca terminó de suceder, todavía estoy acá, en el velatorio de mi madre, entre los rostros amorfos, esperando a que el tiempo se digne a asistir, y finalmente, todo esto acabe.