← Volver a Prosas74 de 105

PROSAS · 1 MIN DE LECTURA

Pero el hombre y la mujer se aman

El amor, la absolución, los hombres que apenas caminan con un deseo travieso en el bolsillo de la camisa a cuadras que se bambolea como un antiguo poncho izado en lo alto de un árbol y a merced del viento pampeano, pero esta camisa no es la de un gaucho sino de la de un hombre que adolesce de todo, de su hombría, de su feminidad, de sus piernas que deberían marcarle el camino pero que apenas se mueven sobre la suela de sus zapatos mientras de sus ojos caen las lágrimas, todas, enteras, fútiles pero reflejando los hechos del pasado: Una mujer se esconde debajo deun techo en un día de lluvia mientras en su pañuelo, firmado por un música tan famoso como fallecido, caen gotas que se vierten por el hueco de un caño. Él lo observa todo y finalmente se acerca, se rozan, se dicen algunas palabras y el beso sucede luego del amor, o antes, nadie lo sabe, porque las dudas ni siquiera tienen tiempo de existir ante los labios por lo tanto tampoco las certezas, las oposiciones han muerto en esa noche de nubes tan oscuras como el punto final de la luna, pero el hombre y la mujer se aman.