PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
Mi mei-ko
Mi mei-ko, te tiras desde lo más alto de la bufanda caes en la turbulencia, cien palabras tragan tu fuga el piso te espera, iluminado, por la lampara de la vereda
Mi mei-ko, los brazos del viento son suaves como el relleno de los alfajores de frutas
Mi mei-ko, con tu nombre de por allá tan argentina, que tu sombra se hace más grande al acercarte al piso, como la sombra de una bandera que cae
Mi mei-ko, que a veces usabas sombrero y te metías por las puertas de tus pensamientos que guardabas adentro de la nariz porque decías que nadie los iba a encontrar porque a la gente le da asco y nadie busca donde le da asco
Mi mei-ko, ahora sos sangre, y carne, y bueno, escultura como lo fue mi abuelo, en carne seca, en esa cama tu corazón de hueso tus ojos de cemento tu cuerpo de laberinto De qué estás hecha hoy?