PROSAS · 2 MIN DE LECTURA
Proceso1
Cargando un viejo bolso desgastado y deslucido a la vista ajena sobre mi hombro me acercaba a aquella terminal de mi pueblo, encaminandome hacia un nuevo destino tan inseguro como aquel que carga con sentimientos confundidos y sonrisas estrechas frente a la vida. La noche ebria de estrellas destilaba un brillo unico y glorioso mostrando su poderio alturista que nos concede con cada crepusculo. Avistando la puerta de aquel lugar a lo lejos me limite a caminar atravesando desniveladas veredas de cemento con profundas grietas que deja el paso del tiempo. Al llegar traspase la puerta, mi hombro exigia un descanso, y como mi confianza en aquel viejo bolso desilachado era escaza, camine hacia un aciento, deje el bolso y tome asiento dando un suspiro y respirando cansancio. Observe mi reloj, faltaba media hora para la llegada de aquel colectivo y el pasaje de ida se encontraba en mi bolso gritando metaforicamente que su asiento era el numero 37 de lado de la ventanilla como siempre me gusto, observando pasar miles de hermosas imagenes atormentadas por la velocidad de aquel vehiculo.. pero una voz interrumpio y golpeandome contra la ventanilla de mis pensamientos volvi a la realidad. Me di vuelta rapidamente notando que tres filas de mi asiento de espalda junto con otra persona se hallaban esos cabellos rubios, secos y radiantes como el mismo sol, los que solo sus sonrisas podria cargar sin provocar un ligero desenfoque, la mujer tantas veces toco mi corazon. Solte mis cosas rapidamente encaminandome hacia ella formulando una pregunta ligeramente tonta pero combeniente o bastante comun, sin decir nada se levanto dandome un abrazo de aquellas que marcan una huella en el alma, actue de la misma manera sientiendo como mi corazon se aceleraba. Frente a aquella situación hice una pregunta para generar conversación que fue esquivada, estaba cansada, no habia dormido. Con el colectivo esperandome y por partir, obstinado frente a la situacion y a mis sentimientos, salude llendome a tomar asiento junto a mi bolso viejo, deslucido y desilachado, en aquella estacion de omnibus tan iluminada como un dia de parque por la luz que resplandecia de algun foco, o otro punto desconocido para los transeuntes, pero no para mí y sus destellantes cabellos. Encojido de hombros tome el boleto que gritaba mas fuerte que nunca estando tan cerca de aquel colectivo, fui hasta la puerta donde el chofer lo corto y le cerro la boca. Con la abrumada tristesa que causa una despedida en otoño, encarando sentimientos, pensamientos, obligaciones y frío, subi a aquel autobus sentandome en el asiento numero 37 con la ventana ligeramente empañada, distinguiendo a lo lejos la silueta de un astro que brillaba en el asiento de aquella terminal, y dejandome en una larga noche de insomio.