← Volver a Prosas52 de 105

PROSAS · 2 MIN DE LECTURA

Ojas rojas

Es una tarde de otoño, en el porche de mi vieja casa se encuentran ojas desparramadas por todo el frente. El viento se levante y las nubes grises lloran piedad por las tormentas que se avecinan. Pareciera que todo este escenario no puede pasar de dos colores, marron otoñal, y gris. Todo se rodea de estos hermosos y tiernos colores de ojas secas. La camara gira y ahora me veo. Estoy ahí, parado en el porche, con mi madre que carga un arma en su mano derecha, sobre las ojas secas. Ella con sus 40 años, y con mis 14. El ambiente es raro, la ironia y la tristeza convergen en aquellas miradas que cruzo con mi madre. Frente a nosotros se acerca caminando mi hermana, esta por cruzar la calle desde aquel parque que se encuentra frente a nuestra casa. Todo sigue repleto de ojas y ella camina sobre ellas. 2 metros al costado y 3 metros mas atras camina el niño que nunca logre soportar, aquel que complico mi infancia mas de lo necesario. Mi hermana empieza a discutir con mi madre de vereda a vereda, nos había abandonado por un chico y ahora regresa, porque todo se habia acabado. ¿Que hacer?. La discusión quemaba mi mente, no aguantaba, gritos, y aquel niño, que se acercaba tras los pasos de mi hermana. Debias disparar mama, pero no te animabas, eras debil. - Dame el arma – Digo. - Dame el arma – Repito. Mi vieja cede el arma, apunto y disparo contra mi hermana y aquel chico que lo merecia. Ambos caen al piso, pero los vi, los vi arrastrarse, los vi moverse. Vuelvo a apuntar y disparo un tiro mas, a ella primero, no merecia sufrir. Luego dos a el, para estar seguro, que no vuelva a caminar sobre esta tierra, sobre las hermosas ojas secas que nos da el otoño. Ahora marrones, amarillas y rojas de placer.