PROSAS · 1 MIN DE LECTURA
La cabeza contra la cera
A veces no comprendo como hay días en que puedo estar tan lejos de la realidad. Como si esta fuera un poste situado en algún final, sobre una linea blanca ubicada sobre un abismo. Y que de casualidad, en el tropezón que me lanzo hacia el abismo, los cordones de mi pie izquierdo se enredaron en ese poste, y ahora lo único que me mantiene unido a esta realidad son ellos, los finos cordones que ahora se entrelazan estrujados mientras me balanceo boca abajo. Primero hay paz, pero entonces, por la posición, todos mis pensamientos comienzan a caer y acumularse en mi cabeza. El peso comienza a aumentar, y mis pensamientos cada vez más reales, se vuelven más pesados y me tiran hacia abajo. No quiero que se corte mi cordón, ni caer de nuevo con mi cabeza y mis ideas contra la cera, porque debajo de la misma no hay más que otra existencia tan real como de la que ahora cuelgo. Otra linea, otro poste y otro abismo. Pues de eso se trata el juego, de correr, saltar, caer y balancearse, en el abismo de lo irreal, de lo ficticio, lo más posible, antes de caer y darse nuevamente la cabeza contra la acera.